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ARQUITECTURA PAISAJISTA
Con el fin de mejorar la calidad de vida humana, la arquitectura del paisaje busca alcanzar la armonización de la obra arquitectónica con la naturaleza y su contexto social.
La arquitectura es también diálogo con la naturaleza. Ante la degradación del medio ambiente, producida por la urbanización, industrialización y densidad, entre otros fenómenos asociados al desarrollo de las grandes metrópolis que caracterizan a las sociedades modernas, la preservación del paisaje es cada vez más necesaria e incluso más ligada a la práctica de la arquitectura
La arquitectura paisajista se refiere al arte, planeamiento, diseño, administración, preservación, y rehabilitación de la tierra y el diseño de construcciones hechas por el hombre. El alcance de la profesión incluye el diseño arquitectónico, planeamiento del sitio, desarrollo del estado, restauración del medio ambiente, planeamiento urbano o del pueblo, diseño urbano, parques y planeamiento de recreación, y preservación histórico.
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La arquitectura paisajista de Viraco esta compuesta por cuatro elementos importantes como son: El pueblo, elementos hidrológicos, elementos vegetales – animales y los elementos pétreos.
A continuación mostramos una fotografía satelital del pueblo de Viraco, donde se puede apreciar las calles rectas y los diferentes espacios públicos como son: La plaza de armas, la plazuela, el morro de Viraco, la cancha de fútbol, la plaza de toros entre otros de estos puntos se puede apreciar la arquitectura y el paisaje que realmente son impresionantes.

Uno de los aspectos más interesantes e imponentes que brinda el aspecto físico e influye decididamente en el paisaje de Viraco y el que talvez constituye su principal característica; es lo que podríamos llamar la orgía geológica. Levantamientos, depresiones, retorcimientos de las enormes moles; caprichos de crestas que se yerguen en el azul, de precipicios vertiginosos, de suaves declives que bruscamente se detienen cortados por un tajo vertical, de gargantas cuyas rudas paredes casi se tocan y a cuyo fondo sombrío apenas llega la angosta zona luminosa del cielo, de cadenas ondulantes como serpientes, de nudos cuyos hilos se enlazan en forma inextricable. Y siempre la aspereza de la piedra, la majestad en que se han inmovilizado las convulsiones de la tierra, la historia milenaria que ora superpone sus edades sucesivas, ora trastrueca su orden temporal para dejar en lo alto las más remotas y en la profundidad las más recientes.
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