EL PUEBLO
Expresión física de la forma de vida, influye en el estilo arquitectónico y forma parte del paisaje.

Sus casas la mayor parte están hecha de adobe, techos de calamina o paja, predominio de casas de uno o dos pisos, grandes patios solariegos cubiertos con piedra.
Una casa típica del pueblo de Viraco tiene los siguientes partes de que la conforma:

La gran puerta que da al zaguán, este comunica al patio principal en donde se distribuyen las diferentes habitaciones, por lo general el gran salón al frente, detrás de este otro espacio abierto que es la huerta.
Al lado del salón esta el comedor separado de este con una cocina adjunta, los ambientes que dan a la calle son tiendas que comunican al patio principal, en el primer piso también están los servicios higiénicos los dormitorios estan en el segundo piso que comunica una escalera exterior ubicada en el patio principal.
En el pueblo de Viraco entre sus casas blancas, una que otra recuerda el paso de la civilización española, con sus grandes portales, sus ventanas de madera, sus balcones torneados que cuelgan del techo de calamina como jaulas y sus claros patios donde crecen, cuidadosamente las flores de los campos.
Por sus calles, verdaderas pendientes que han excavado los torrentes, pasan los rebaños de ovejas y de llamas, los bueyes de labranza, los hacendados en sus caballos de paso y algunos vehículos que trepita sobre las piedras desiguales.

En el centro de la plaza hay un toro como elemento ornamental al lado se levanta imponente su iglesia que alberga a Santa Ursula patrona del pueblo.

La Iglesia de Viraco se impone en el paisaje destacando su material arquitectónico y estilo se puede observar la piedra característica de Arequipa el sillar blanco que armoniza con la blancura del nevado Coropuna

Santa Ursula, la santa del sombrero, es tan milagrosa y a la vez muy celosa de las promesas ofrecidas.

Esta hermosa portada data del año de 1896 se encuentra en la plazuela esta situado a 3 cuadras de la plaza de armas que es el segundo espacio urbano arquitectónico importante del pueblo de Viraco, aquí también se puede apreciar como material arquitectónico el magnífico sillar con detalles semejantes a las iglesias de la ciudad de Arequipa, realmente es un monumento arquitectónico que se debe restaurar y conservar por ser un patrimonio edificado
En el pueblo de Viraco en las salidas que conducen al campo hay caminos de tierra uno que otro puente sobre las acequias rondando este panorama sauces melancólicos.
En el entorno de Viraco hay pequeños pueblos separados unos de los otros, oscurecidos por el humo, como los minerales en que se asientan. Sin un árbol, con sus techos de calamina ennegrecidos y sus casas chatas, esos pueblos parecen una excrescencia de la piedra y manchan, como una oxidación grisácea, la desnudez de la ladera.
Hay también pueblos risueños, morosos, incoloros.
Casi siempre se los descubre a la vuelta de un camino, con sus techos plateados y su campanario ruinosos sobre la vieja iglesia. En esos pueblos se condensan el tráfico, el chismorreo y el aburrimiento de la sierra.
Estos pueblos monótonos callados están llenos de una poesía que ellos no sienten y que, emanando de su propia humildad, los nimba como la aureola invisible de los santos.

Vista aérea satelital del pueblo de Viraco, se puede apreciar sus calles rectas,dos de ellas son principales que recorren de sur a norte uniendo cada una de ellas espacios públicos una calle une la plaza de armas y la plazuela, y la otra une la plaza de armas y el morro, las otras calles son secundarias a la plaza de armas se aprecia con su magnífica iglesia rectangular este espacio publico era el recibidor de los viajeros que llegaban a lomo de bestia porque su ingreso era por la parte baja es decir al sur, más arriba al norte la plazuela a donde llegan actualmente las empresas de transporte vehicular, por aquí es el ingreso de vehículos que llegan de la capital y conectan con los pueblos del entorno, subiendo mas al noroeste esta otro espacio urbano importante el morro de donde se mira al pueblo de Viraco de manera espectacular, en carnavales suben grupos bailando a este sitio es un sitio ceremonial con mucha historia.
También se puede apreciar en esta fotografía satelital en la parte baja derecha o sea al sureste dos grandes espacios urbanos la cancha de fútbol donde se realizaba las corridas de toros actualmente, ya tienen un espacio para esta actividad que es la plaza de toros que se puede apreciar una cuadra al lado derecho de forma circular

Este es el moderno espacio arquitectónico destinado a la corrida de toros que es la Plaza de toros santa Úrsula de Viraco.
Antiguamente los pobladores construían sus palcos de madera cubiertos con toldos en el espacio que conforma la cancha de fútbol formando un ruedo en donde se realizaba la corrida de toros, con anterioridad preparaban los suculentos potajes, los maicillos, biscochuelos y la comida viraqueña la infaltable papa huancaína a la Viraqueña, familias enteras se daban cita para ver esta tradicional actividad como es la corrida de toros en homenaje a santa Úrsula patrona del pueblo.
Vista panorámica de la plaza de toros de Viraco como fondo el hermoso pueblo de Viraco rodeado de su exuberante vegetación
LOS CAMINOS
Son zigzagueantes y característicos en respuesta a la topografía, elemento relacionador paisajístico.
Los caminos en la zona rural de Viraco salen de los pueblos, bordeados por tapias rojizas sobre los cuales fulguran como chispas las flores de retama, pasan entre la guardia noble de los eucaliptos, se tienden sobre mares de verdor o de oro y luego, cuando la quebrada se estrecha, toman por la ladera abrupta y se pierden en un recodo súbito.
Hay un profundo parentesco entre los caminos y los ríos, Como los ríos, los caminos van al mar, como ellos, siguen las ondulaciones de la cordillera en el destino, se corresponden y hermanan también en el paisaje. Durante largas horas divisa el caminante, deslizándose en el fondo del precipicio, la serpiente plateada del rió. El río es el inseparable compañero de ruta, compañero que se oculta a veces porque el camino describe una curva muy cerrada o avanza transversalmente a la dirección de la quebrada entre dos muros verticales de piedra, pero que reaparece sin falta murmurando su pétrea melopea.
Los caminos de toda esta zona esta generalmente tallada en la roca viva y así, mientras por un lado se tiene la muralla desigual de la peña, por otro se mira el precipicio. Aquí y allá se levantan los cactus entre la rugosidades de la piedra, alguna flor humilde inclina hacia el viajero su cáliz diminuto y fragante y a largos intervalos suelen verse los escasos sombríos fecundados por la aguas rumorosas del fondo.
Por mucho que sea la frecuentación de estos senderos, es imposible evitar el recorrerlos una impresión de vértigo, no solo porque se avanza al borde del abismo, no solo porque la roca es hostil, sino porque es amenazante la perspectiva del camino que se va a recorrer.
En efecto sus bruscos zig-zags, al proyectarse en un plano casi vertical, se nos ofrecen como la petrificada trayectoria de la caída y animándose por momentos bajo el sol implacable vibran como un latigazo que cruza frenéticamente la faz de la montaña.
En Viraco el desnivel constituye la verdadera distancia. Para llegar al sitio que imaginamos al alcance de la mano, a la choza, necesitamos largas horas de viaje y con la impresión de estar condenados a desandar lo andable, o volver al punto de partida para partir de nuevo sin esperanzas de llegar nunca.
Pero se llega al fin. Las imágenes se convierten en casas y desaparecen del paisaje, mientras en la profundidad, la inagotable fantasía del espacio propone a la contemplación del viajero una nueva visión ilusoria.
Los caminos ondulan interminablemente por desiertos de piedra y de pronto se extiende, como un vasto abanico de verdor, el paisaje de los valles.
El rió parece detenerse y sus aguas sin rumor copian un cielo puro; los árboles frutales y todo se divisa desde lo alto como una calida y cercana promesa.
Poco a poco, casi invenciblemente, nos va envolviendo el vaho de los pantanos en el que se disuelve los perfumes de los árboles frutales y al fin junto al viejo y distante compañero de viaje, el rió
|